A salvar vidas

Pocas veces la humanidad había sido asaltada, de forma tan inesperada y aplastante, como sucede hoy con la Covid-19.

Desde que en China semejante virus dio a conocer su prepotencia al destruir la vida a más de 4 mil 600 personas, en el resto de los continentes sonaron las campanas para enfrentar tan brutal maleficio.

De entonces acá, son ya cientos de miles los hombres y mujeres, ancianos en su inmensa mayoría, quienes yacen bajo tierra.

En su maléfico andar, semejante monstruo no repara en la riqueza material y económica de las naciones, tal como sucede con los Estados Unidos, Brasil y otros países pertenecientes a Europa, América Latina, Asía y África…, cuyas riquezas distan sustancialmente unas de otras. Tanto es así, que EE.UU., cuyo poderío económico, militar y financiero sobrepasa sustancialmente a cualquier otra nación en el planeta, presenta hoy la mayor cantidad de fallecidos y de enfermos a costa del coronavirus.

Pareciera que en momentos como estos, el imperio norteamericano dejó de serlo cuando de evadir el coronavirus se trata. De muy poco le sirve su inconmensurable riqueza para evitar los cientos, miles de muertos entre sus connacionales, que aumentan día por día…, repito, sin que hasta ahora pueda evitarlo.

Sin embargo Cuba, la pequeña isla de Las Antillas, la misma que desde hace 60 años es asediada por el monstruo devenido en imperio, envía a multitud de sus médicos a los confines del planeta. A salvar vidas desde luego, a salvar vidas.

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