A Germán le arrancaron los juegos de un tirón | 5 de Septiembre.
dom. Ago 25th, 2019

A Germán le arrancaron los juegos de un tirón

La historia de Germán es una entre las cientos de relatos y anécdotas de aquellos que siendo prácticamente niños se convirtieron en héroes durante los combates en Playa Girón. /Foto: Archivo

La historia de Germán es una entre las cientos de relatos y anécdotas de aquellos que siendo prácticamente niños se convirtieron en héroes durante los combates en Playa Girón. /Foto: Archivo

José Germán Martínez Regalado fue uno de los niños héroes de Playa Girón. De estatura baja, ojos claros, dinámico a sus 71 años, rememora los hechos, aquellos que lo marcaron para siempre y definieran su destino. En abril de 1961 tenía 15 años y ayudaba a su padre en labores de construcción, destacados ambos en la Agrupación de Viviendas Campesinas, en la citada playa. Era un joven rebelde, que antes, con solo 13, había estado en el Escambray, construyendo un hospital en Pico Blanco, donde se enroló en los primeros combates de la Lucha Contra Bandidos. Corrían tiempos difíciles, de Revolución nueva, donde el entusiasmo juvenil y de pueblo, se imponía al rencor de quienes querían vivir en el pasado.

“Allí en Girón, entre los trabajadores de la agrupación, éramos 18 los milicianos incorporados. Teníamos fusiles, no eran los mejores pero podíamos defender el lugar; recuerdo que yo tenía un M-52 y unos 20 tiros. El 16 de abril estábamos envalentona’os con las palabras de Fidel Castro, durante el acto de despedida de duelo a las víctimas del ataque a los aeropuertos, pega’os al radio escuchamos todo, hasta la declaración del carácter socialista de la Revolución: ‘había que ocupar todos los puestos de combate’, dijo. No entendía mucho para entonces, pero aquello de socialismo me lucía nuevo y bueno. Allí mismo nos pusimos a limpiar los fusiles y a estar listos, por lo que pudiera pasar, ya teníamos la orden de vigilar la costa, a las 8:00 de la noche de ese día ocupamos posiciones, yo estaba cerca de la playa.

“Recuerdo que llegó la noticia de disparos y luces, y hacia allá fuimos un grupito, en el que estaba mi padre. Nos montamos en un camión Ford, con nuestros fusiles a cuesta y un puñado de municiones, pero qué va, caímos en una emboscada: a ambos lados de la carretera había mercenarios, armados hasta los dientes. Nos tiraron, caímos como bólidos y nos metimos en una especie de pozo de tirador y desde allí tratamos de resistir, pero qué va, se nos terminaron las municiones. Quedamos indefensos, hasta que nos conminaron a salir. Resultamos prisioneros y nos trasladaron hasta el Club, lo que hoy es el Museo”.

Germán insiste en que pasó de niño a adulto sin apenas notarlo, y que fue en Girón donde se hizo hombre. /Foto: de la autora
Germán insiste en que pasó de niño a adulto sin apenas notarlo, y que fue en Girón donde se hizo hombre. /Foto: de la autora

Germán, como todos le conocen, es un hombre activo en lo social, en su barrio le respetan y tratan como a un héroe, porque además de “buena gente”, tiene fuertes convicciones y principios; insiste en que pasó de niño a adulto sin apenas notarlo, y que fue en Girón donde se hizo hombre.Tendría un poco de miedo, como cualquier ser humano, pero tras el momento inicial, recuperaba la confianza.

“Comenzaron a entrevistarnos. Mi padre fue primero, se refirió a mí como el muchachito, en afán de protegerme, pero cuando me tocó el turno era un gallito de pelea, y de unirnos a sus filas, nadita. Conocía a los bandidos del Escambray y eso era suficiente. Recuerdo a una joven, La China, alfabetizadora, de La Habana, quien también plantó. Teníamos sed, nos daban falsas informaciones y estábamos expuestos a fuego amigo de la aviación cubana. Por la tarde deciden repartirnos entre las cabañas, y en la confusión nos dimos a la fuga, cogimos el monte y el 18 al mediodía dimos con la tropa de Tomassevich —se refiere al General de División Raúl Menéndez Tomassevich—, y tras probar que éramos de los suyos, porque había mucha confusión, y encima de eso los mercenarios nos habían quitado toda la documentación. Allí nos dieron agua y comida y seguimos con ellos hasta el 19, día en que se produce la victoria”, refiere.

Resulta un hombre sencillo, no ocupó altas responsabilidades ni acumula riquezas, pero sí un aval que lo hace merecedor de reconocimiento público. Miembro fundador de la UJC, estuvo en Angola en una compañía de zapadores, en la que vio morir a 38 de sus compatriotas. 45 años al lado de Bárbara, la esposa, con quien todavía brega en ese combate que es la vida, dos hijos y nietos. Acaba de recibir la medalla 60 Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y aunque no tuvo tiempo para ser un niño, agradece que defender la Patria fuera su “juego” de entonces.

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