A 60 años del 5 de Septiembre de 1957: flores a los que jamás murieron

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Momento en que Martha San Román Toledo besa la ofrenda floral antes de ser depositada en el mar. /Fotos: Efraín Cedeño

La sangre fue el velo que cubrió a la ciudad. El luto hizo nido en muchos hogares. Vidas sesgadas por el enfrentamiento desigual, el odio, la sed de venganza. Nombres que aquel 5 de septiembre de 1957 ingresaron en la eternidad.

Cienfuegos se había levantado en armas. Revolucionarios pertenecientes al Movimiento 26 de Julio y marineros del Distrito Naval del Sur protagonizaron la sublevación contra los desmanes de Batista, el dictador que entonces hundía a Cuba en un mar siniestro. Por 24 horas fue libre la ciudad, 24 horas que sacaron a la luz a un pueblo harto de la tiranía, 24 horas que demostraron la vulnerabilidad del Ejército y la disposición de muchos a quitarse de encima el yugo de la opresión. Veinticuatro horas que también sembraron el dolor.

Cual autores de los más horrendos crímenes, algunos caídos fueron enterrados en una fosa común. Otros tuvieron el mar como sepultura y al cielo como único acompañante en su viaje final. A ellos, esta mañana de otro 5 de septiembre, combatientes de esa y otras gestas, familiares, dirigentes de organizaciones políticas y de masas en Cienfuegos depositaron una ofrenda floral en la bahía que abraza a esta ciudad.

Para ellos fue la remembranza y la honra. Por ellos fueron las lágrimas de Martha San Román Toledo, pues al evocar a su hermano —Dionisio, el alférez de fragata que estuvo entre quienes dirigieron la sublevación y fue fondeado días después por los batistianos— y recordar el horror del que resultó víctima, lloró también por el resto de los caídos, mientras agradecía a Cienfuegos, la ciudad de la cual, dijo, hubiera querido ser hija.

Sesenta años han transcurrido, mas la memoria no mengua. Generaciones van y vienen, pero en Cienfuegos los sucesos de aquel septiembre de 1957 perviven frescos en la evocación del pueblo, cuyo corazón guarda a los hijos que jamás murieron.

Como de costumbre, el pueblo rindió tributo a los mártires del 5 de septiembre de 1957 con una ofrenda floral depositada en el mar.

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