El “cistrón” poético de Raúl Cué

Desde los preludios que asoman en el arte impresionista hasta la fecha, la abstracción ha venido tomando un camino incierto y ha sido, al mismo tiempo que lenguaje, una filosofía de vida. Se trata de un evento radical, que nos coloca ante el reservorio de quienes aúpan las expresiones formalistas apegados a la materia expresiva del arte y/o los que consideran que siendo un movimiento pictórico irreverente, debe abstenerse de los descriptivismos y relatos y contentarse con los atributos (no los significados), el enunciado y color, asumiendo el objeto artístico como un fin en sí mismo. 

Esta ausencia de narratividad acaso es una de las impugnaciones de los públicos, perneados por los influjos literarios y la tensión parásita de comparar el existente con la convención iconográfica. Cierto es que los precursores consiguieron un notable impacto con esta alternativa visual, si no, recuérdese el latir moderno de Kandinsky hacia 1910, desfigurando las imágenes con un vehemente sentido del color; empero, la novedad dura lo que un suspiro, y si los textos no son adaptados a las épocas, difícilmente salden las expectativas. Y realmente, las mutaciones en el abstraccionismo han sido morosas y casi invisibles, aunque los historiadores y comisarios del arte se han encargado de constatar sus tipologías (lírica, cromática, geométrica, etc.) y sedimentos estéticos.

La abstracción, en tanto focaliza los entibos del arte mismo (cromas, manchas, gestualidades incorpóreas, etc.), es una suerte de gen o secuencia necesaria para la síntesis, que han heredado el resto de las expresiones visuales (psicología y conductualidad del color, estrategias para la codificación del espacio, los ritmos composicionales, etc.). Por tales razones sus imaginarios se han visto reducidos, ante el empuje de la retórica y las solemnidades pertinentes.

Raúl Cué
De la serie Coordenadas Lat. 22 08.2896N Lon 080 26.3640W

Raúl Cué Hechemendía (1980), este espirituano aplatanado en Cienfuegos y con un valioso erario dentro de la variante abstracta, tiene consciencia de los riesgos y se suma a aquellos que procuran la conmutación sintáctico-discursiva, sin renunciar a las potencialidades semánticas de la obra, aunque fuere en una dimensión subtextual, asomática. De hecho, sus abstracciones carecen de una fijeza en los ritos (lo que no infiere carencia de estilo), sino que son mutables en los grandes formatos que aprecia el pintor. Le hemos aplaudido sus propuestas líricas, donde expresa más claramente las prácticas emocionales, demostrando sus destrezas cromáticas y la creatividad al momento de erigir el “cistrón poético” a través de los indicios cromáticos y la naturaleza orientadora de los titulados, forzosamente afines a una experiencia humana. Asimismo, su “abstraccionismo urbanista” (así le llamo, pues el referente es un planteamiento que parte de los espacios públicos) nos conduce por una nueva narratología gráfica, calculada, a veces domeñada por las geometrías.

Cué recupera un poco la tonalidad literaria en la poética de los temas, donde el hombre y la arquitectura convergen en la historia que somos, latiendo una cierta nostalgia por el pasado glorioso de los sitios que prontamente son desdibujados hasta llegar al gen de las entidades: las calles, avenidas, los parques, jardines, los aditamentos públicos… que unas veces se esbozan en grandes planos, otras en los detalles más insospechados. De algún modo, la obra se extiende con el proceso y la velada anécdota del viaje, aunque el espectáculo de la demostración (cuando es colocada frente a esos públicos) se inicia con los intitulados, al modo de los que utiliza en la serie Coordenadas (2017-2020), que acude a los dígitos para favorecer el diálogo (diríase que la pesquisa) y ubicar a los espectadores en una supuesta cartografía urbanística, que trasluce la zona de inspiración, al estilo de Lat 21 47.7382N Lon 079 58.5742 W.

Raúl Cué
De la serie Coordenadas Lat. 21 55.8241N Lon 079 26.8009W

Tomando como instrumento la técnica fotográfica o los bojeos satelitales, aterriza en un plano de subjetivaciones, buscando la trasmutación de los signos figurativos en síntesis expresiva, del referente en objeto imaginario, del coto realista en puesta visual intervenida con la materia expresiva de la pintura, que en su caso no siempre es el color y la mancha, igual puede ser la línea y las proximidades geométricas, a la manera de un Malevich filtrado con algún halógeno.

Cué, uno de los más sólidos cultores del género en el centro de la Isla, ha develado la efectividad de su decisión metódica para compensar la teoría con la producción artística, su libertad creativa para experimentar sentidos dentro de una nueva abstracción, superando los prejuicios y abriéndose a otras perspectivas en el estudio del color como forma y sujeto y apoyando sus composiciones en valores relacionales. El artista, que también ejerce como profesor en la Academia de Artes Visuales de la Escuela de Arte Benny Moré de Cienfuegos, igual ha sabido protegerse de las modas y modismos, confiado en que la honestidad tarde o temprano conduce al éxito. Asimismo, aprovecha el confinamiento de los últimos meses para organizar una muestra a exhibir posiblemente durante junio en la Galería del Boulevard.

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Jorge Luis Urra Maqueira

Crítico de arte. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

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