22 de junio de 1941, ataque fascista a la URSS | 5 de Septiembre.
jue. Nov 21st, 2019

22 de junio de 1941, ataque fascista a la URSS

A las cuatro de la madrugada del 22 de junio de 1941, sin previa declaración de guerra, con alevosía, las hordas fascistas de la Alemania hitleriana que querían apoderarse del mundo, irrumpieron en suelo soviético. La literatura de la época lo recoge así:

“Los hombres de los puestos fronterizos avanzados y las patrullas que custodiaban las fronteras occidentales de la Unión Soviética observaron en el cielo un fenómeno inusitado… Allá a lo lejos, más allá de las mismas fronteras, sobre las tierras de Polonia asoladas por los nazis, en el horizonte más difuso, parpadeaban unas raras estrellas… Pronto cubrieron todo el horizonte y con ellas llegaba el creciente rugido de innúmeros motores… El sonido parecía que llenaba el aire. Las coloreadas lucesitas cruzaron a todo lo largo de la invisible línea del cielo y flotaron sobre las cabezas de los guardias fonterizos. Cientos de aeronaves alemanas invadieron los cielos de la Unión Soviética… y antes de que los angustiados vigilantes pudieran abarcar el significado cabal de ese acto criminal, sucesivos relámpagos rasgaron las sombras del amanecer (…) tierra y cielo vibraron en millas a la redonda con estrépito ensordecedor… Miles de cañones y morteros nazis concentrados secretamente abrieron fuego sobre la tierra rusa y lo que antes fueron límites del Estado se convirtieron, en segundos, en una inflamada línea de fuego…”.

Así, como lo desarrolla el primer capítulo de Héroes de la Fortaleza de Brest, obra de Serguei Smirnov, comenzó Hitler el traicionero ataque contra la URSS.  Así comenzó la Gran Guerra Patria del pueblo soviético que entregó más de 20 millones de vidas —no solo por metralla, sino de hambre y frío—, a los anales de la ambición imperial, derrotada, como todas, cuatro años después, destino del ayer y del mañana de lo indecoroso. Algo que permite el agregado, y la historia no pudo ocultar, que tuvo entonces la maldad de Winston Churchill, primer ministro inglés, y Franklin D. Roosevelt, presidente norteamericano, resumida en una frase táctica, de resultado bien lejos del deseo expreso: “Dejemos que se destruyan entre sí, alemanes y rusos, y después intervenimos nosotros…”. Es historia de imperios, que todavía apesta, y duele.

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